ONE WEEK, BUSTER KEATON. Marcel Oms

Buster Keaton, fotografía de Cecil Beaton.

One Week, 1920

Es el primer cortometraje independiente de Buster Keaton y en su opinión el film que hizo más por su reputación.

Casado con Clarette, Buster recibe como dote de su tío una casa prefabricada. Pero el chófer, celoso, falsifica los números de los elementos. El resultado es una casa de equilibrio precario, con la puerta de entrada en el primer piso. Terminado el montaje, asistimos a la demolición progresiva, según un proceso de estricta lógica. En primer lugar, ciertos elementos previstos en su origen para determinadas funciones, acaban sirviendo para otras distintas: por ejemplo, la balaustrada se convierte en escalera. Después, un huracán hace girar la casa como un tiovivo. Un error de indicación debido a la lectura invertida de un número obliga a Keaton a un traslado de los más traqueteantes, en el que la casa se desarbola progresivamente y que acabará –después de un intenso suspense ferroviario– por la irrupción inesperada de un segundo tren. Buster y Clarette quedan solos con su amor sin tejado.

Desde su primer film, Buster Keaton ha realizado una obra aturdidora, llena de hallazgos, caídas, acrobacias y persecuciones en la que hombres y elementos danzan un vertiginoso ballet hasta la pulverización final de la que emergerán tan sólo los dos enamorados.

Un misterioso deseo de equilibrio

Sus obras empiezan frecuentemente en un clima de hostilidad, de vendetta y de enconadas luchas, o de rivalidad amorosa con oportunidades desiguales. Buster, entonces, avanza armado de su amor y de su sinceridad, con la seguridad soberana de los puros. Abofeteado, golpeado, burlado y humillado, siempre se rehace obstinadamente. Merced a su implacable rectitud, la trayectoria keatoniana hace más profunda su soledad, el tiempo de lucha, la reconquista. Hay algo en él de la obstinación grave del niño, encarnizado en la pérdida de sus torturadores adultos, burlones y desdeñosos en su superioridad.

Son frecuentes en estos films las secuencias en que Keaton ocupa en el espacio un lugar precario, a imagen del destino humano: cruces de calles, esquinas peligrosas, salidas iniciadas, retrocesos inmediatos; la actitud interrogativa del que atisba con incertidumbre; la mano como una visera sobre los ojos, prolonga siempre la línea trazada por la pierna extendida hacia atrás: frágil equilibrio antes de que se desencadenen las violencias.

En La ley de la hospitalidad, mientras sin él saberlo, es dinamitado el dique, Buster, solitario, soñador, pesca al borde del río su modesto almuerzo… decorado elegíaco, mientras a los lejos avanzan las toneladas de agua que van a arrastrarlo.

En Steamboat Hill Jr., un ciclón devasta la zona, las casas vuelan bajo, los techos oscilan, el río se desborda, el viento arrastra en un remolino centrífugo “la casa desmontable”; el naufragio amenaza a Buster desde el mismo momento en que pisa un barco (The Navigator, The Boat); la lluvia empapa al Cameraman; la tempestad ayuda a The Ballonatic; la avalancha libera a Buster de la cohorte femenina en Las siete ocasiones. Aunque interviniendo como recursos dramáticos, estas calamidades metereológicas, estos furores telúricos, estos desencadenamientos atmosféricos, estos desbordamientos de las fuerzas cósmicas indican una dinámica incapaz de contentarse con enfrentamientos ridículos o mezquinos. Cuanto mayor es el peligro de destrucción, más sensible aparece la soledad y mejor se revela la ética del hombre keatoniano: es la certeza de que el hombre es capaz de una confrontación victoriosa con las fuerzas naturales.

La carrera, la natación, la sangre fría, la finta y el reflejo, todas estas cualidades atléticas que intensifican las posibilidades del cuerpo humano, utilizadas con buen sentido, conducidas por la inteligencia, son la salvación y el recurso del hombre en peligro.

Aplastado por el decorado, ahogado por las circunstancias, arrastrado por el remolino, movido por las olas como una pelota, anonadado en las espirales de un ciclón, Buster emerge, lucha, sobrevive y triunfa. Todas estas calamidades realzan el mérito del héroe: amenazado de ser irremediablemente destruido, Keaton no ha sido vencido jamás. El hombre keatoniano no se realiza si no es en el riesgo inmenso de desaparecer.

Fotograma de One Week, Buster Keaton, 1920.
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