CASA EN BEAS. María Cayuela y Francisco Marqués

Casa en Beas, María Cayuela y Francisco Marqués, Beas Huelva, 2003.

El Álamo es una pequeña urbanización residencial al borde de la N-435, en los terrenos de un antiguo olivar, y constituye el punto de encuentro de una pareja joven, que trabaja en lugares distintos. La casa se ubica en una parcela generosa (50 x 50 m), en la que conviven alcornoques, árboles frutales y una huerta.

El programa es reducido, apenas 130 m2, distribuidos en única crujía de 30 m de largo y sección constante, que ordena el terreno: un jardín con olivos centenarios en la zona más pública, y un huerto y la piscina en el jardín posterior, con vistas a la campiña. La vivienda es el espacio intermedio matizado a través de la cubierta y los huecos de fachada. El acceso se realiza desde el extremo, un porche para los coches. Una amplia galería abierta al este, de 4,50 m de altura, hace las veces de recibidor, biblioteca y distribuidor de las distintas estancias.

La construcción es tradicional: estructura de muros de carga y forjado unidireccional de hormigón, cubierta de zinc y suelo de pizarra.

Desde nuestro punto de vista, la experiencia de la vida cotidiana está muy influida por las asociaciones que tanto desde cada uno como colectivamente tienen que ver con las imágenes de los edificios. Por imagen entendemos el aspecto de un objeto, que se relaciona con su apariencia y naturaleza, y que provoca una respuesta asociativa y emocional. Hemos intentado que la casa funcionase como una metáfora, desplegando significados, no atrapándolos.

Apostamos por la construcción de un realismo mágico que surge de lo encontrado, de telones de fondo sobre los que proyectar el acto de habitar.

A propósito de una casa…

Álvaro Siza

Construir una casa se convirtió en una aventura. Se precisa paciencia, coraje y entusiasmo.

El proyecto de una casa surge de formas diferentes. En ocasiones de forma súbita, otras veces lenta y penosamente. Todo depende de la posibilidad y de la capacidad de encontrar estímulos, bastón difícil y definitivo del arquitecto.

El proyecto de una casa es casi igual al de cualquier otra: paredes, ventanas, puertas, tejado. Y a pesar de todo es único. Cada elemento se va transformando mientras se relaciona.

En ciertos momentos el proyecto gana vida propia. Se transforma entonces en un animal voluble, de patas inquietas y ojos inseguros. Si sus transformaciones no son comprendidas, o en sus deseos no es satisfecho más que en lo esencial, se convierte en un monstruo. Si todo cuanto en él parece evidente y bello se fija, se vuelve ridículo. Si es contenido en exceso, deja de respirar y muere.

El proyecto es para el arquitecto como el personaje de una novela para el autor: le sobrepasa constantemente. Se precisa no perderlo. El diseño lo persigue. Pero el proyecto es un personaje con muchos autores, y se vuelve inteligente cuando así es asumido; es obsesivo e impertinente en caso contrario.

El diseño es el deseo de la inteligencia.

Empooling

Peter Smithson

El título Empooling quiere reproducir lo que ocurre en una playa arenosa con rocas que emergen cuando al bajar la marea se forman charcos en algunos sitios en los que se agrupan las piedras. De igual forma los conjuntos de edificios traen consigo un empooling del espacio intermedio y lo que queda dentro de este espacio intermedio puede ser extraordinariamente rico.

Tras este paralelismo subyace la idea de que el centro de tensión ha cambiado desde el edificio hacia el paisaje, hacia la acción en la configuración espacial del territorio.

En la Europa de los años veinte y treinta se pensaba que el instrumento para cambiar la sociedad pasaba a través de la arquitectura doméstica. En nuestro momento el centro de atención podría ser el espacio intermedio, el espacio entre los edificios.

Alison Smithson trabajando en Upper Lawn, Tisbury, Wiltshire, Inglaterra, 1960-1962.

CASA EN BEAS. María Cayuela y Francisco Marqués

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