INTRODUCCIÓN AL PROYECTO ARQUITECTÓNICO A LA MANERA DE UN CUENTO DE AUTOAYUDA. Javier Terrados

Casa en California de un arquitecto vienés, su mujer, y una pareja amiga.

El primero de los sabios a quien quería consultar era muy viejo. No busques en otro sitio dijo. Sólo hace buenos proyectos quien conoce la cultura de su tiempo. Uno de mis antepasados era escritor, solía caminar por la campiña inglesa y pararse ante las ruinas de las antiguas abadías hasta que el sol se ponía y las sombras se alargaban. Con los años escribió una novela de misterio en la que el personaje principal era una mansión gótica. Luego construyó su propia casa recreando las imágenes de la novela, y al cabo de pocas décadas toda Inglaterra construía neogótico, imaginaba espacios misteriosos y se deleitaba con un nuevo tipo de espacio doméstico. Así que no busques en otro sitio. Quédate con este grabado de aquella novela y, a partir de ahora, ahonda en la cultura de tu tiempo…

El futuro arquitecto meditaba mientras dejaba atrás la cancela del primero de sus maestros. No muy lejos vivía otro. Enjuto y trajeado lo recibió con suave cortesía. No deberías hacer demasiado caso al viejo Walpole y mira mis mesas, llenas de escuadras y escalímetros. La medida. Sólo el dominio de la medida hace grande al arquitecto. Deberías saber la historia del arquitecto inglés que, emigrado a Suecia y sin un céntimo, construyó la más hermosa casa y también la más pequeña. Mira que planta. Cuando todo mide lo que tiene que medir podemos hacer maravillas con los recursos más escasos. Tu futura carrera será una historia de amor con la geometría…

No parecía muy geométrica la vivienda junto al lago de su siguiente visita, aquella arquitecta, habitual en los libros casi desde su juventud. Una memorable juventud, ya que me la recuerdas. Y más en California, donde pasé mis primeros años de profesión. Allí venerábamos una casa que siendo la más antigua, era la más joven. Un arquitecto venido de Austria se instaló allí con su mujer y otra pareja amiga. Y quisieron cambiar el mundo. La vivienda no sería el cofre solemne de los recuerdos, sino el lugar alegre de la acampada. Construyeron una casa donde las habitaciones no se llamaban dormitorios ni salones ni nada parecido, sino que tenían grabadas las iniciales de sus huéspedes. Con la consistencia y la amabilidad de un gran mueble, la casa deshacía sus límites para que el propio jardín fuera también habitación. Futuro. Piensa y propón futuro cuando proyectes…

¿Futuro te ha dicho? Seguramente no te ha explicado cómo acabaron los dos matrimonios, dijo al día siguiente el venerado arquitecto de la oficina central. No inventamos nada, sólo damos cobijo a un programa previo. Es el invento de nuestro siglo. No hay arquitectura sin programa. En Praga se maravillaba el público ante la casa más enrevesada del siglo, una amalgama de espacios de diferentes proporciones y acabados, ensartados por una imprevisible secuencia de recorridos, ya públicos, ya privados, ya de servicio. La magia de esa arquitectura, lo que no se apreciaba a simple vista, es que todo ese paisaje de estancias no era más que la abnegada y fiel trascripción del programa de necesidades de la familia de aquel industrial checo. Atento al programa, atento a las necesidades, ¿quién te faculta para inventar las demandas que no hay?…

Cuando se acercó al siguiente maestro, todavía imaginando diagramas, se sorprendió del aparente desorden del huerto que cultivaba. Prueba estos tomates, pura vitamina para reanudar el trabajo. En el futuro colaborarás a la construcción de la segunda naturaleza, en la que viven los humanos, y conviene no disgustar a la primera. Los siglos pasan, pero el sol y la lluvia son los mismos. Como en las viejas civilizaciones, donde la arquitectura pertenecía el lugar, no deberíamos dejarnos llevar por cantos de sirenas de papel que nos hacen querer alunizar artefactos ajenos a una cultura o un clima. Mi amigo Charles, que estudió conmigo en Michigan y Boston, volvió a su país natal, India, a construir casas y allí todas nuestras abstractas teorías modernistas se trasmutaron en sensibles espacios construidos con los materiales del lugar, adaptados al clima. Sólo una mirada muy profunda puede advertir su esqueleto funcionalista. Allí conviven sin estridencias con la arquitectura tradicional y dan cobijo agradable a esos calurosos veranos y húmedos inviernos. Así que mira el sitio, toca los lugares, busca sus sombras, sopesa sus piedras, cultiva su tierra si es necesario…

No había piedras y tierra en el taller del maestro de la calle ancha. El taller no tenía ventanas y era pulcro como un cubo de hielo. Los lápices se ordenaban por su dureza en las estanterías y el papel era el más blanco que había visto nunca. No salimos mucho de aquí. Tampoco salen los gimnastas del gimnasio mucho. Practicar y dibujar. El deportista repite su ejercicio mil veces hasta que sale, y mientras tanto se forman los músculos para que el siguiente ejercicio salga mejor. Todos los que te están poniendo heroicos ejemplos están omitiendo hablar de las horas de práctica, de la secreta y obstinada labor. Yo también estuve en California en aquellos tiempos. Allí veías cómo un proyecto para una vivienda mínima para una voluntariosa divorciada venida del este para establecer una consulta de masajes, una vivienda más pequeña que el apartamento en el que vives, merecía decenas de planos y hasta ocho versiones diferentes, todas completamente dibujadas y algunas casi iguales, antes de la versión definitiva. Huelga decir que el arquitecto en cuestión llegó a ser el más grande de la zona. Dibuja, dibuja sin interrupción…

Mejor mira, mira sin interrupción. Pero mira lo que hay más allá. Corrigió el maestro de la torre sur. Es mucho más importante conocer lo que han hecho antes de nosotros. No inventamos, sólo transformamos lo que nos legan. Somos eslabones. Mira estas formas tan llamativas del último auditorio al otro lado del Atlántico. Probablemente te hayas quedado fascinado con sus ondulantes pétalos de acero inoxidable, pero mira más. Si lo haces detenidamente verás que la idea del espacio de conciertos que aquí el metal contiene es la misma que la de otro auditorio, de hace más de cincuenta años, que está en Berlín. Ahora con un paso más. Por cierto que el arquitecto de Berlín tenía un amigo que quiso hacer del proyecto la mera transcripción de las funciones, de las actividades previstas. Sólo construyó una granja de vacas en su vida.(El muchacho conocía la granja: había hojeado unas antiguas fotos en la mesa del arquitecto de la oficina central; ahora estaba un poco desconcertado porque la granja le gustaba mucho, pero no dijo nada; pensó que sólo hablaría cuando acabara de visitar maestros. Y le quedaban todavía varios largos caminos)…

Unos días después el maestro del Paseo de la Castellana levantó la vista de la regla de cálculo y le escudriñó mientras comenzó a disertar atropelladamente sobre el peso, la gravedad y la técnica. A lo lejos, en el ventanal del despacho se recortaba un rascacielos de óxido, vidrio y esquinas redondeadas. Sólo la técnica nos redime. Pasarán los años, las modas y los estilos, pero aquel rascacielos, por ejemplo, con su ingenio de estructura arborescente y su delicado cálculo de instalaciones y cerramientos seguirá interesándonos. Aquí al lado, ves aquella calle, sólo los conocimientos técnicos, el ingenio de las cerchas de acero, hicieron posible que en un solar imposible se superpusieran un gimnasio, unas aulas y unas pistas deportivas sin aparente esfuerzo, dejando a la luz filtrarse por el lugar exacto. La técnica, sólo la técnica; harías bien en sacar una foto…

Pero que no te engatuse el ingeniero, dijo por la tarde el maestro del barrio gótico. Somos albañiles leídos. Artesanos de la materia y de sus artificios. Experimenta, aprende la lógica de los elementos constructivos y escribe con ellos el lenguaje auténtico de la arquitectura. Esa foto es de una barandilla. Puedes imaginarte la calidad del resto del edificio sólo viendo este detalle. Esa intensidad nos hace preguntarnos que, si así es el ensamble, cómo será el puente al que sirve el pasamanos, cómo será el vestíbulo de piedra al que llega el puente y que inunda el agua de las mareas, cómo será la sala de exposiciones a la que sirve este vestíbulo, cómo será el jardín, cómo sus canales de agua y sus fuentes. Está en Venecia y algún día lo verás…

¿Iré alguna vez a Venecia? Pensaba el muchacho en la sala de espera de aquel estudio lleno de salas de reuniones. En una de ellas, toda de cristal, el maestro más divertido de todos recogía una maqueta con la que había discutido variantes de distribución de su nueva sede con una compañía de seguros. No somos más que mediadores, nene, ponemos a la gente de acuerdo entre ellas y con sus espacios. Viajo mucho a Londres, sabes, y allí es todo así. Reuniones, saber lo que la gente quiere. Supongo que conoces a mi famoso amigo londinense; pues uno de sus primeros edificios tenía como promotor a IBM; él siempre ha dicho que el proyecto sólo se concretaba después de que los directivos opinaran y lo hicieran mejorar, casi a golpes de un cincel colectivo. Era su primer edificio de oficinas y revolucionó el panorama, dando la vuelta al esquema convencional. Pocas veces habló de autoría. Sólo de sinergia, de colaboración…

¿Se puede colaborar en el proceso de encontrar una idea? ¿Se reúne un escritor para imaginar la trama de su libro, convoca un comité un pintor? Deberías de pensar más en esto, dijo ya en verano aquel que llamaban el maestro blanco. Las ideas son la base. Construimos ideas y las ideas son primero. Si ha sido bien concebido un edificio, si su idea es potente, podríamos contarlo por teléfono, y ya está hecho. Voy a describirte una idea de biblioteca: un cubo de ladrillo en un campus docente alberga en su corazón un vacío de aire al que miran los libros, en anaqueles asomando por sus paredes. El visitante asciende al vacío, iluminado cenitalmente, y se dirige a las escaleras en las esquinas, busca el libro en los anaqueles de madera que circundan el atrio de hormigón y se va al perímetro del edificio donde pequeños cubículos, como pupitres monacales, le ofrecen el espacio de recogimiento. Cada pupitre, como una diminuta casa de madera tiene una pequeña ventana desde donde se ve de nuevo el campus y la ciudad, ahora de otra manera, ahora desde otra altura. La biblioteca se puede visitar realmente, cerca de Boston, aquí ves una foto. Pero no hace falta que vayas a verla. Ya conoces la idea…

(El muchacho escudriñaba una de las fotos de la granja de vacas; la que se había quedado sin decirlo en la oficina central, un pequeño hurto sin remordimiento). El sabio arquitecto que figuraba ahora en su lista casi vivía en la caseta de obra. Aunque había llegado temprano, el maestro le hizo esperar mientras discutía una certificación de obra. El muchacho se entretuvo contando vacas en blanco y negro, que rumiaban bajo una original cubierta. La economía de medios chico. Te han hablado tal vez de ecología; pero esta es la auténtica: sacar el mayor partido de lo mínimo. Los recursos no son nuestros, los administramos y la mayor libertad está en la mayor atadura, en el más extremo límite. Hace unos años las mayores celebridades mundiales fueron convocadas a un concurso en Londres: un nuevo museo, el más moderno en el lugar de una antigua central térmica junto al Támesis. Por allí desfilaron las más vistosas y sorprendentes maquetas. Allí se vislumbraron las más imaginativas formas de transformar el edificio original en otras cosas. Sólo una propuesta decidió únicamente limpiar, vaciar la sala de turbinas y dejar el edificio casi tal y como era, sólo que sin máquinas. Hoy es el museo más visitado. Lo más con lo menos.

¿Y nuestras utopías? ¿Se olvidó mi estimado compañero, entre ahorro y ahorro, de decirte donde dejó sus utopías? Hablaba el anciano maestro que le recibió en su casa de campo. Éramos jóvenes, queríamos cambiar el mundo y buscar la playa bajo los adoquines. Yo sigo encontrando arena dorada bajo este pavimento que transitamos sin crítica. Este hospital en ruinas…. Tengo la foto desde que era estudiante. En 1930 las utopías se materializaban; la arquitectura podía hacer real la promesa de la salud para todos. El control milimétrico de la orientación solar y de la protección contra el viento, la estructura de hormigón llevada al límite, al servicio de la transparencia y el cómodo tránsito de los convalecientes, la eficiencia científica de los tamaños de los espacios y su disposición, la vanguardia en las instalaciones… La arquitectura mataba al bacilo de la tuberculosis, mientras miraba al futuro.

Pero es que el futuro no se construye con utopías, acaban tan en ruinas como el hospital holandés. Se hace con memoria. El material de la arquitectura es la memoria. Como sabrás doy algunas clases en la universidad. Mis alumnos acabaron ayer esta maqueta. ¿Abstracta verdad? Podría albergar cualquier programa novedoso, en una ciudad de vanguardia. El edificio está en Como, en pleno centro histórico, frente a la catedral y no tiene uso concreto. Cuando lo visitas tienes la sensación de que siempre ha estado ahí. ¿Será por la piedra que lo reviste, la misma que ha construido la ciudad histórica? ¿Será por su delicado equilibrio cromático, empastado con el entorno? ¿Por la equilibrada relación lleno-vacío de sus huecos, que remite a la de los edificios vecinos? ¿O será más bien porque su autor lo proyectó apelando conscientemente a la memoria de los atrios romanos y palacios renacentistas italianos?

Me gusta el enfoque que te dio mi compañero, cuando lo visitaste ayer. Pero tengo que aclarar que es sólo la ciudad la depositaria de la memoria de los hombres. (El muchacho, algo distraído, divagaba sobre su propia memoria; tendría mucho que aprender para llenarla; se sentía un poco avergonzado de que cada vez que oía esa palabra, desde hacía unos días, sólo le venía a la mente su abuelo y su misteriosa conexión con la foto de la granja de vacas alemana). La ciudad. Tendrás que empezar por conocer la ciudad. Te gusta Venecia, me has dicho. Los dos arquitectos más famosos del siglo XX, uno norteamericano y otro europeo tuvieron sendos encargos en Venecia, ya muy mayores. Y allí cambio todo, uno renunció a todo su propio lenguaje personal para proponer una revisión del palacio renacentista que se refleja en el agua, con nuevas técnicas pero con delicado aspecto intemporal; otro hizo caso omiso de todas sus teorías de renovación urbana para proponer un hospital que se disponía como la geometrización de la trama urbana histórica de Venecia. Al final la ciudad es el tema. Quédate con este dibujo…

Se acercaba el comienzo del curso y el joven sólo tenía tiempo para una visita más. La arquitecta que le recibió formaba equipo con dos compañeros y el estudio ocupaba una antigua fundición remodelada. Era un lugar muy agradable y la gente parecía trabajar (¿estaban trabajando?) a gusto. Esta es mi propuesta, dijo. La única función de la arquitectura es mejorar la vida. Esa es la misión. ¿Un enfoque femenino? Había muy pocas arquitectas en el siglo XX. Una de ellas escribió: “La arquitectura externa parece haber absorbido a los arquitectos de vanguardia a expensas del interior. Como si una casa debiera ser concebida para el placer del ojo más que para el bienestar de sus ocupantes”. Tal vez no haya que decir más. La arquitecta en cuestión sólo construyó una casa. Los famosos arquitectos que la visitaron quisieron comprarla, habitarla, incluso el más famoso de ellos la llenó de murales a hurtadillas (vano intento de apropiación). Así que deja de preguntar más y dedícate a aprender cómo se mejora la vida.

El curso había comenzado y no sabía si la primera intervención del profesor que le habían asignado le había decepcionado o animado. Estuvo contando sus actividades de verano. Había visitado lugares, muchos, y conocido gente. Lo hago todos los años, dijo: no dejo de planificar mis propias visitas a mis maestros.

Sobre la mesa, junto al ordenador portátil, el muchacho garabateaba en las páginas de un cuaderno rojo que había encuadernado él mismo usando como separadores las quince ilustraciones que recolectó en sus visitas.

En la solapa trasera, expresamente rematando el conjunto, había  plastificado un dibujo de una granja de vacas alemana.

Superposición en un solar imposible de un gimnasio, unas aulas y unas pistas deportivas sin aparente esfuerzo.

INTRODUCCIÓN AL PROYECTO ARQUITECTÓNICO A LA MANERA DE UN CUENTO DE AUTOAYUDA. Javier Terrados

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