LA ESENCIA DE LA ARQUITECTURA. Jorn Utzon

Jorn Utzon explicando un detalle de la Ópera de Sidney.

Todo está relacionado con nosotros mismos. El entorno nos influye mediante su dimensión, luz, sombra, color, etc. Nuestra condición es completamente dependiente del hecho de vivir en la ciudad o en el campo, de si nos encontramos en una habitación grande o pequeña.

Nuestras reacciones ante estas condiciones son en origen completamente inconscientes, y sólo las registramos en casos especiales, por ejemplo el placer por un suceso o una feliz circunstancia en nuestro entorno o las sensaciones de malestar.

Este debería ser nuestro punto de partida: trasladar las reacciones inconscientes hacia la consciencia. Cultivando nuestra capacidad para percibir estas condiciones y su influencia en nosotros, al estar en contacto con el entorno, encontramos el camino hacia la esencia de la arquitectura.

Si queremos estimular nuestra percepción de la arquitectura, debemos comprender que la expresión arquitectónica en cualquier circunstancia está en sintonía con la estructura social.

La esencia propia de la arquitectura puede equipararse a las semillas en la naturaleza, de modo que conceptos obvios en el principio de desarrollo de la naturaleza, deberían ser ideas fundamentales en el trabajo arquitectónico.

Si se piensa en las semillas que se han de convertir en plantas o árboles, todas las de la misma clase se convertirían en el mismo organismo si las posibilidades de desarrollo no fuesen tan variadas y si cada crecimiento no tuviese en sí mismo una capacidad de desarrollo libre de compromisos. De semillas iguales bajo condiciones distintas surgen naturalezas distintas.

Las condiciones en el tiempo en que vivimos son completamente distintas a las de antaño, pero la esencia de la arquitectura, la semilla, es la misma. El estudio de la arquitectura implica dejarnos influir por ésta, e intentar descifrar la relación de las soluciones y detalles con la época en la que están concebidas.

Para que el arquitecto pueda trabajar de manera autónoma con sus medios debe experimentar, practicar como hace el músico con sus escalas, practicar con masas, con ritmos creados por la agrupación de masas, combinaciones de colores, luz y sombra, etc. Deben percibirlos intensamente y desarrollar y poner en práctica sus cualidades.

Esto conlleva a un compromiso con los materiales: se debe entender la estructura de la madera, el peso y la dureza de la piedra, el carácter del cristal: el arquitecto debe fundirse con los materiales y modificarlos y utilizarlos en armonía con su esencia.

Si se llega a comprender la esencia de un material, tenemos la oportunidad de llegar a influir en la vida de una manera mucho más concreta que a través de fórmulas y procesos matemáticos. La matemática es una ayuda para el arquitecto a la hora de comprobar que lo que supuso era correcto.

Es necesario tener una sana visión de la vida. Entender el concepto de lo que significa caminar, sentarse y tumbarse cómodamente, disfrutar del sol, la sombra, el agua contra el cuerpo, la tierra y todas las sensaciones menores. El bienestar debe ser la base de la arquitectura, si se quiere alcanzar la armonía entre el espacio que se crea y lo que en él va a desarrollarse. Resulta simple y muy razonable.

Se necesita capacidad para poder armonizar todos los requerimientos de un trabajo, capacidad para hacer que crezcan juntos en una globalidad nueva, como sucede en la naturaleza.

La naturaleza no conoce compromisos, acepta todas las dificultades, no como tales dificultades, sino como nuevos factores que configuran una totalidad.

El camino para lograr una arquitectura diversa y humana pasa por entender la inspiración que existe detrás de cada expresión humana, por trabajar en base a nuestras manos, ojos, pies, estómago, en base a nuestros movimientos y no en razón a normas estáticas y reglas creadas estadísticamente.

Estar en contacto con el tiempo, con el entorno, sentir la inspiración en el propio trabajo, resulta necesario para trasladar nuestras necesidades a un lenguaje arquitectónico…

Can Lis. Porto Pietro, Mallorca 1972.

LA ESENCIA DE LA ARQUITECTURA. Jörn Utzon

Anuncios


A %d blogueros les gusta esto: