10 HIPERMÍNIMOS. Federico Soriano

Construcción del monumento en el Monte Rushmore, 1929.

Hipermínimo: escrito de no más de 200 palabras, constituido por pensamientos del autor sobre un tema, sin el aparato ni la extensión que requiere un ensayo sobre la misma materia, aunque con la misma estructura.

EL ESCALÍMETRO NATURAL

N. tenía una peculiar curiosidad. Se había hecho fabricar unos escalímetros distintos. Su aspecto no se distinguía de los corrientes. Pero su calibración anómala producía disparidades.

No era una regla entre metros y milímetros, entre pulgadas y pies. Era un escalímetro que relacionaba milímetros y luz eléctrica, centímetros con montañas, metros con aviones…

Los proyectos resultaban distintos. No era lo mismo diseñar una vivienda cuando el dormitorio debe tener 12 m2 a cuando tiene un coche cuadrado. No resulta la misma torre de oficinas cuando los despachos miden dos meandros. O cuando un teatro ocupa 1.200 fluorescentes o un polideportivo alcanza un Boeing 747.

A veces, según la escala, era un poco más grande de lo normal. Otras, ligeramente más pequeño.

Nadie conocía esta herramienta. Los que trabajaban con él los usaban sin saberlo.

Cuando los espacios se construían no había nada espectacular; la gente se sentía un poco más ancha, un poco más estrecha, un poco más alta, un poco más baja. Tampoco era capaz de decir por qué.

Era más excitante la experiencia de N. Cuando medía una puerta le parecía una plaza. Cuando dibujaba un patio le parecía una ventana. Cuando proyectaba un hotel le salía un pez.

ESTRATEGIAS INCÓMODAS

Practicar la esgrima. Introducir silencios en las conferencias. Dar un metro más a los pasillos en una vivienda de protección oficial. Presentar un concurso sin usar colores, o dibujarlo a lápiz. Samplear. Hablar del espacio interior. Usar escalímetros personales, con medidas y relaciones distintas a las usuales. Incluir en cada proyecto un lugar para un uso no previsto e innecesario. Usar la imaginación. Excederse un poco. Imitar la postura de Buster Keaton. No pensar en la belleza de las cosas. Reír.

ESPACIO PÚBLICO Y PRIVADO

El espacio público es móvil. El espacio privado es estático. El espacio público es disperso. El espacio privado es concentrado. El espacio público está vacío, es la imaginación. El espacio privado está lleno, son objetos y memorias. El espacio público está indeterminado. El espacio privado es funcional. El espacio público es información, el espacio privado es opinión. El espacio público es soporte. El espacio privado es el mensaje. El espacio público está, en fin, en equilibrio inestable. El espacio privado es por necesidad estable.

LA CIUDAD

La ciudad es su propio reflejo. La ciudad es un monitor, una pantalla de televisión. Cada píxel va a responder a los estímulos externos modificando sus condiciones. La ciudad no es estable, no asignamos significados constantes y estables a las piezas que lo conforman. La ciudad se reinventa en cada momento, sus partes responden cambiando de cualidades con las nuevas condiciones. Las viviendas de la ciudad deben funcionar igual. Convertirse en piezas que aun respondiendo a necesidades específicas deben poder estimularse y modificarse por esta proyección de los estímulos de sus ciudadanos. La ciudad no es sólo el ensanche. Es esa imagen y también el recuerdo de otras imágenes, incluso opuestas. La ciudad es especulación y naturaleza. La ciudad debe encontrar sus lugares de libertad, porque también los puede tener. La ciudad es natural y artificial. Formando una sola extensión. La ciudad debe cambiar su faz porque cambian sus habitantes. La ciudad sigue siendo relaciones más que estructuras. La ciudad es coexistencia en proximidad. La ciudad se reconstruye individualmente por los fragmentos que cada uno de nosotros usamos de ella. La ciudad son los pedazos que recompongo en mis trayectos y usos. Es una suma de partes de muchas ciudades.

CONCEPTO AMPLIADO DEL MATERIAL

Para construir usaremos hormigón, o tableros de madera, o bloques de vidrio, o cartón, o aplacados de piedra, o pantallas de vídeo, letras, carteles, ladrillos y enchufes, telas, tableros de encofrar, tubos fluorescentes, revestimientos de losetas acústicas de escayola colocadas al revés, chapas de acero pavonado, uralita y baldosas de hormigón hidráulico, secciones o plantas de otros proyectos, la luz natural, el agua, los sonidos, los pensamientos…

LA DISPOSICIÓN DE LA MESA

Trabajamos con la disposición, con el orden momentáneo de los elementos.

Nuestras mesas recogen también este discurso del orden adaptado. La etiqueta había mantenido una organización exacta y rigurosa entre platos, cubiertos, vasos, fruto de una lectura clásica de la comida. La sucesión en el orden correcto de las diversas viandas, los distintos servicios que cada tipo de comida precisaba, el orden de las bebidas… construyeron unas reglas de composición. Las fiestas y banquetes se permitían dejar un espacio para la libertad o la improvisación en el centro de las mesas.

Hoy ya no nos alimentamos siguiendo esta etiqueta. Guarniciones, ensaladas, platos compartidos, bebidas heterogéneas compartiendo mesa, a veces todos los alimentos ya se encuentran presentes, otras veces comemos directa e individualmente de las fuentes. Pero la composición inicial en nuestras mesas se mantiene inalterada. Sólo al final se comprueba su adaptabilidad.

Hay disposiciones abiertas que resolverían esta flexibilidad. Específicas para cada momento y tipo de comida, o ambiguas, o formales como esculturas abstractas, o alineaciones donde se muestran los utensilios esperando para que el comensal establezca su posición definitiva, o incongruentes, alineadas o simultáneas. Es posible, hay que hacer un proyecto de mesa.

NEGOCIAR

Parece que proyectar sería imaginar, soñar, inventar… Pero proyectar es negociar. Es ajustar por vías aparentes e interesadas un convenio entre todos los materiales que van a conformar la arquitectura. No nos vemos como los gestores de unos recursos, de un programa, un lugar, o un presupuesto, que se limitan a colocarlos en los mejores fondos de inversión o promover unas soluciones ciertas y sencillas. No se trata de seguir unos decálogos sin riesgos personales, ni aplicar las reglas fácilmente aprendidas. Proyectar es negociar las mejores condiciones para que un programa perviva y se desarrolle, para que un espacio aproveche rentabilidades, para que unas convenciones aparezcan como imaginativas… y para que unas convicciones se mantengan. Es una actividad que depende, por tanto, mucho de la personalidad del mediador, cuya identidad impregnará todos los poros de la operación. No será su forma la que tenga que adoptarse, ni siquiera su sistema. Se llama a un buen negociador cuando las partes son irreconciliables. No juzga por encima de la sociedad sino que dentro de ella exprime los acuerdos. Sin asumir prejuicios ridículos, ni desechar desagradables y poco interesantes. Proyectar es negociar condiciones tan ventajosas que se convierten en generadores de significados.

SIN TÍTULO

Creo que la arquitectura ya no son objetos, sino sistemas de trabajo. Un proyecto es investigación, invención –la invención es optimista–, y también crítica de sí mismo y de su entorno. Dejo a las formas, estructuras, detalles, ir evolucionando progresivamente a lo largo del proyecto y la construcción. Me gustan las formas en gestación y los órdenes que sueñan en perspectiva. Proyectamos deprisa porque los procesos de la arquitectura son muy lentos. Debemos encontrar el punto de encuentro entre las necesidades colectivas y nuestras obsesiones privadas. La intuición subconsciente se nutre de ver y conocer mucha arquitectura. Cualquier cosa es susceptible de convertirse en arquitectura. Nos mecemos en lo bonito y lo feo. Me propongo insistir sobre el espacio genérico, aquél que el uso mixto y el cruce de personas lo convierten instantáneamente en lugar. Seguramente voy muy rápido. Contagio la velocidad al proyectar. Analizamos y decidimos corriendo. Los errores se subsanan en la etapa siguiente. Me gusta tensar las ideas hasta el límite y convertirlas en imposibles. No me gusta la caja que declara altanería y desprecio, la sencillez que esconde impotencia. La arquitectura también es un contrato político. El futuro nos reclama hacer las cosas de manera diferente. Los proyectos deben aguantar el tiempo, no descomponerse. Siempre pienso que ha sido fácil, aunque anide lo complicado. Que es convencional, incluso corriente, y luego nos vemos fuera de lo admisible.

LA VIVIENDA DE NUESTRO TIEMPO

No encontramos. No se modifican. No se inventan. Y sin embargo se siente el deseo.

Estamos viviendo con factores de flexibilidad, de ambigüedad, y la vivienda no se ha enterado. Tipos, modelos, programas, se repiten interminablemente, cansinamente. Nuestros hábitos han cambiado más rápida y radicalmente que su traslación espacial. Siguen manteniendo la división noche día de la vivienda moderna, siguen estructuradas según funciones que estaban determinadas por horarios de nuestros abuelos…

La vivienda de nuestro tiempo será multitud, serán todas excepciones. No viene de la homogeneización. La globalización no exige que todo sea igual sino que todo es accesible.

La vivienda de nuestro tiempo querrá ser nuestra individualidad. Mostrará el mestizaje de la sociedad porque permitirá mantener las diferencias. Otras personas, otras obsesiones. Se harán específicas para cada demanda. Para gente que necesita alquilar una habitación, para gente que hace deporte, para gente que quiere mudarse sin moverse, para parejas aisladas, para lofts, para una secta, con cocinas grandes o pequeñas, para gente de alquiler por un mes, para gente desesperanzada, para inmigrantes ilegales, para gente sin interés, convencionales, irreverentes, para gente que almacena y almacena basura… La vivienda de nuestro tiempo es un paisaje de acontecimientos.

LA RAZÓN DE LAS COSAS

A veces, corregir proyectos tiene el riesgo de querer, o tener que, encontrar la razón de todas las cosas. Así parece imprescindible que un juicio deba fundamentarse sobre causas objetivas. No entra luz, no funciona, es un esfuerzo constructivo desproporcionado, no cumples el programa… Pero también hay que admitir que en muchas ocasiones es más fácil decirlas que concretar o analizar lo que realmente resuena dentro de nuestras cabezas. Wittgenstein, preocupado por las certezas de las cosas, escribía: “Si alguien preguntara: Pero ¿es tal cosa verdad?, podríamos responderle: Sí, y si exigiera que se le dieran razones podríamos decirle: No puedo darte ninguna razón; pero, si aprendes más cosas, compartirás mi opinión”.

La razón de las cosas está en el amontonamiento incontrolado de conocimientos y no estrictamente en su ordenación deductiva. La acumulación permite que partes muy alejadas del saber aparezcan en ese momento como pasos consecutivos de una opinión. La manifestación más palpable de la cultura arquitectónica se plasma en el orden de nuestras bibliotecas.

* Extraídos de 100 Hipermínimos. Federico Soriano.

Colección Escritos de Arquitectura. Lampreave. Madrid, 2009.

Casa de muñecas para la reina María. Proyecto de Edwin Lutyens, 1924.

10 HIPERMÍNIMOS. Federico Soriano

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