EJERCICIO DE CLASE. MICROEJERCICIO 4. CAJAS, CASAS O JUSTO AL REVÉS

Le Corbusier, “Papá, ven a jugar a mi casa”.

Presentación:—– Miércoles 26 de mayo

Entrega: ————–Martes 8 de junio

Sesión crítica: —–Miércoles 9 de junio

“Evgeni Petrovich se sentó a la mesa y acercó uno de los dibujos de Seriozha. El dibujo representaba una casa con la techumbre torcida y con humo que iba zigzagueando desde la chimenea hasta el borde mismo de la cuartilla. Junto a la casa había un soldado con puntos en lugar de ojos y una bayoneta en forma de número 4.

– El hombre no puede ser más alto que la casa –señaló el fiscal–. Mira, el tejado le llega al soldado sólo al hombro.

Seriozha se le subió a las rodillas y estuvo rebullendo largo rato hasta encontrar una postura adecuada.

– No, papá –dijo, mirando al dibujo–. Si pintas chico al soldado, no se le verán los ojos”.

Chéjov, Anton. “En casa” [1887], en La señora del perrito y otros cuentos, Alianza, Madrid, 1995.

Los niños saben que los objetos que nos rodean, vistos a la distancia adecuada, admiten otras formas de uso, y así descubren espacios habitables entre cajas y objetos en apariencia inanimados. A su manera, postulan la importancia de la escala en el registro y transformación de la realidad. El universo de los cuentos, desde Alicia a Gulliver, ha explorado esta galería de jardines secretos. En nuestros particulares cuentos domésticos, con una mirada análoga, hemos descubierto la posibilidad de habitar esculturas de Eduardo Chillida dentro de montañas mágicas; comprendido que una grieta en la pared puede ser el Gran Cañón en una excursión con Robert Smithson; y leído el emocionante pasaje en que Vladimir Nabokov lleva a su hijo Dimitri hasta el muelle con la esperanza de que distinguiera, a través de unas casas, el barco que los llevaría a América, y experimentase la conmoción de descubrir el irrealísticamente real prototipo de las naves de juguete con las que el niño se bañaba.

Está por escribir el cuento que relate la amistad entre Marcel Duchamp y Joseph Cornell. Éste ayudó a ensamblar las primeras cajas en las que el venerable ajedrecista encerraba reproducciones de sus obras y luego continúo la labor de guardar cosas en pequeños recintos en su casa de Utopia Parkway, un nombre de lugar que parece de ficción; las cajas de Cornell son obras misteriosas, entre la funcionalidad y la ensoñación, realizadas con la paciencia infinita del artesano y la imaginación del arquitecto. A su modo, Andy Warhol, admirador de aquellas miniaturas, decidió escribir una suerte de diario encerrando su vida a través de las cosas que guardaba en centenares de cajas de cartón a las que llamó Cápsulas del Tiempo. Hoy la fórmula se ha convertido en institucional, cámaras acorazadas para legajos y manuscritos.

Todo es cuestión de escala, proyectar es encontrar la distancia adecuada. Como en una serie de muñecas rusas toda arquitectura es un diálogo entre continentes y contenidos. Es conocida la comparación de un pilar de Bramante en San Pedro con su templo de San Pietro in Montorio; también la articulación de la casa Sarabhai de Le Corbusier con muebles del mismo tamaño que su Cabanon, una vivienda como una caja que servía para esconder las cosas.

En los años ochenta, el pequeñísimo apartamento de Andrea Zittel en Nueva York le hizo pensar que con un único mueble podría satisfacer todas sus necesidades, desde entonces la artista pensó en las casas como equipajes, sus propuestas son como baúles dispuestos a ser transportados que acompañan al habitante en todos sus tránsitos, proponiendo una relación de libertad y movilidad con nuestros objetos poseídos. No sabemos si Zittel quería emular al indio americano cuyo tipi era una maleta que se desplegaba en forma de casa al llegar al lugar donde se encontraba el bisonte. Tampoco podemos asegurar si lo que pretendían Bucky Fuller con sus DDU o Reyner Banham con sus cápsulas transportables era hacer baúles donde se pudiera vivir o casas que se pudiesen llevar de un sitio a otro como un baúl. ¿Y si esta vez fuese al revés, si no fuese la casa la que se une a un lugar sino éste ella?, ¿acaso el Teatro del Mundo de Aldo Rossi no era una maleta para llevar de un sitio a otro un trozo de Venecia?, ¿es que no fue Julio Verne el primero en llevar un trozo de la Tierra a la Luna al clavar su módulo espacial en el ojo del satélite? Todo creador es un transportista que muda enseres de un lugar a otro.

A lo largo del curso hemos descrito las obras de autores que pretendieron encerrar el universo en un fragmento. Este último proyecto de un cuatrimestre que ha pretendido hablar de arquitectura a través de otras cosas, y de las casas a través de otras arquitecturas condensa estas ideas centrales sobre la arquitectura y la vida. Y así, como otro juego de niños, propone un malabarismo de escalas: un proyecto que pudiera ser un espacio habitable por un nómada si se leyera a escala 1/10 y que a la escala 1/1 fuese una caja para guardar los microejercicios de este curso: el cuaderno de cada alumno, una foto (o el A4 escrito) que resumiese sus hilos invisibles y que pudiera ser como un cuadro, y el formato A3 con los dos lados del espejo plegado de forma que cada cual imaginara otra metamorfosis, además de la propia entrega del prototipo real de esta casa-caja llena.

El prototipo cerrado tendrá un volumen máximo de 30 metros cúbicos de casa (o 30 litros de caja) admitirá varias posiciones, se construirá fundamentalmente con un único material, dispondrá de los mecanismos de apertura y cierre necesarios, y alojará el nombre del alumno en un lugar visible y coherente. El programa doble, casa y caja, o viceversa, será pues el siguiente: casa para un nómada con un catre para descansar, un espacio para el aseo, un punto para contemplar el cielo y otro para tocar el suelo, un almacén , un plano de trabajo y un lugar para sentarse; caja para guardar los tres microejercicios anteriores y un recuerdo del proyecto de curso.

Joseph Cornell, Object (Roses des Vent), 1953.

MICROEJERCICIO 4. CAJAS, CASAS O JUSTO AL REVÉS

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