EJERCICIO DE CLASE. ‎‎‏MICROEJERCICIO 3. SESIÓN CRÍTICA LOS DOS LADOS DEL ESPEJO

INVASIÓN METASTÁSICA. ESCALA EROSIVA ENRAIZADA

Alumna: Paula Martín Franco

Es el depredador más eficaz de la Tierra, extraterrestre en muchos aspectos es capaz de soportar diez veces su peso, y adoptar cambios ergonómicos para una correcta transmisión de cargas mayores. Su arquitectura revela la complejidad de su organización social, pesados movimientos de tierra construyen ciudades subterráneas, distintos niveles albergan salas de alturas variables, vasos comunicantes y altos techos con bóvedas sostenidas por briznas de paja, semillas y guijarros. Una gran metrópoli presa del delirio que se dilata en el territorio. Chaplin en Tiempos Modernos; Gregor el viajero en La metamorfosis. Si estableciésemos un paralelismo con la escala antropométrica, su espacialidad traza una correspondencia entre la escala doméstica y la majestuosidad de una Catedral.

Su forma de pensar fascina. Tal como describe Mario Benedetti en A imagen y semejanza, un pasaje de La muerte y otras sorpresas, nunca se rinde. No son conformistas, el acopio de alimento se realiza en función del axioma: recolectar tanto como sea posible. En verano, piensan en invierno y viceversa, se mantienen positivas en la adversidad. Próximas al hábito humano, domestican, cultivan y recolectan. Su capacidad de anticipación entraña extremos de altruismo, con exactitud calibran cuánto tiempo les queda de vida, utilizan la seguridad de su inminente muerte para ajustar su umbral y asumir mayores riesgos en beneficio de la colonia. Inteligencia colectiva. Erigen ejércitos que emigran, atacan y capturan. Especialización, cooperación y comunicación. Su brutalidad reside en el salto de escala, el enorme potencial de un tamaño mínimo. Esta maravillosa criatura es la hormiga.

Dos mundos, no sé si complementarios o simbióticos, vinculados por la mínima escala practicable. La escala dicotómica, bifurcada o ninguna escala. La escala de dos. La escala en dos. La escala del número dos. Hombre y hormiga. La idea es albergar en un mismo espacio las dos escalas e imaginar un desenlace posible. Un formicario intersectado por la medida humana que se prolonga en altura. Dos metros humanos ligados a dos centímetros de formica. Operando mediante estratos, cinco capas de dos metros de altura libre desarrolladas en la totalidad de la superficie de cien metros cuadrados. Tres quintos habitados por la hormiga, que irá creando, a través del tiempo, su propia complejidad erosionada y erosiva, en constante presencia por el vacío penetrante del hombre en su extensión. La estratificación se realiza mediante subsecciones de dos centímetros de altura libre concebidas en planta como la retícula del dos por dos que circunscribe lo colmado por la tierra.

El espacio queda compactado al concebir las mínimas aperturas posibles al exterior. La puerta de acceso en la capa más baja, lugar ocupado por el humano que observa, y padece la amenaza de la bestia invisible, terrorífica por la incertidumbre de ignorar su posición exacta. No es sino a través de la luz que traspasa las oquedades creadas, arquitectura excavada, que se intuye la presencia. Pérdida de control inconexa a la realidad misma, cediendo hacia su reverso, realidad imaginada. En la última capa, la más alta, habitada por el reflejo a través de huecos en el perímetro opaco, la luz viaja tras las cavidades conexas hasta llegar diluida, debilitada, al vacío creado para el hombre.

Un último vano, contingencia contenida, el paso de la hormiga, su entrada y su posible salida. Aun siendo minúsculo, rebasa la medida del hombre pues comprende el riesgo implícito, la verdadera amenaza, la reproducción expansiva, la invasión que avanza ineluctable en el tiempo. La proliferación de la incólume herida socavada, la pulcritud de la metástasis indómita impredecible en transcurso.

Como palíndromos, planta y sección son polisémicas, pueden leerse siguiendo múltiples itinerarios bidireccionales. La planta se aproxima a una instantánea posible creada por las hendiduras, por el ritmo de dos por dos, un paso tras otro, el bípedo erguido y la ambigüedad incluida, detenida, por la constante presencia vacua del humano. Si radiografiásemos cada parte del formicario y las proyectásemos en planta, tal como Isabel en el Bestiario de Cortázar anota minuciosamente “con tinta a doble página” los hallazgos tras horas de estudio de su preciado formicario, descubriríamos nuevos surcos, que apuntan otra ruta cosida a la anterior, creados por la hormiga y sellados por la misma oquedad del hombre. La sección, laberintos en ligazón semiótica. Lo titánico en lo diminuto, lo contenido en el continente, las matrioskas, un mundo pequeño, pero grande, que explota englobado, abrazado y encadenado en número infinito seriado, sucesivo y aprehendido por otro, que siendo mayor, es insignificante por analogía en confrontación semejante. “Y a Isabel le gustaba repetir el mundo grande en el de cristal”, en un movimiento  infinito, la Cinta de Moëbius II de Escher, los dos lados de la misma cinta que no intersecta, comunicada por su fluir continuo. La altura de la hormiga se me antoja superior a la del hombre, aun participando de similitudes, no los considero mundos homólogos, es por ello que decido ubicarla por encima de éste, adjudicarle otro grado.

Habitar sugiere echar raíces, el crecimiento en el paso del tiempo. Si observamos un formicario en pleno estado de libertad, en su medio natural, el resultado se asemeja a las raíces de su árbol. La cota de tierra superficial tomada como plano de antisimetría, establece una imagen duplicada entre la estructura de las ramas del árbol y sus raíces, un reflejo que va creciendo en dos direcciones y garantiza su estabilidad. La invasión inminente, adaptada al medio, quedará enraizada a él, por su escala y condición indisoluble sincrónica a través del discurrir diacrónico de este espacio. La radiomicrografía electrónica alude a la intención de querer mostrar con fidelidad la realidad fisonómica de la hormiga, también su fuerza, en esta proximidad se equipara a la escala del hombre. La mujer acurrucada arguye la vida, ambos en posición fetal, estado previo, primero, descanso o protección; la disposición encontrada o enfrentada es la propia reverberación, que creo, abarca y comprende los dos lados del espejo.

“La hormiga, medio muerta dice muy tristemente: “Yo he visto las estrellas”. “

Federico García Lorca, Los encuentros de un caracol aventurero (1918)

SILENCIO ENTRE DOS MUNDOS. OBSERVACIÓN

Alumna: María Requena Moreno

El proyecto pretende crear dos estancias dentro de un mismo cubo, una para el hombre y otra para la bestia, relacionadas entre sí pero no conectadas directamente. Ambos habitantes estarán en todo momento comunicados, por ello el espacio no se divide en dos recintos diferenciados sino que la habitación del hombre queda fragmentada y dispersa en el vacío del cubo, de forma que durante el recorrido entre las estancias resultantes se produce la comunicación. Así, el espacio que queda entre los recintos del hombre se convierte en el de la bestia y al transitar de uno a otro, un espacio de comunicación asociado al perímetro del cubo define una piel densa que sirve de protección para el hombre y envuelve el espacio de la bestia. Los dos mundos, complementarios y dependientes, crean una continúa relación entre ambos.

MICROEJERCICIO 3. LOS DOS LADOS DEL ESPEJO

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