INTERSECCIONES. Luis Martínez Santa-María

Francesc Català-Roca, escaparate del Paseo de Gracia, Barcelona, c. 1950.

El orden (8)

“Cuando se tienen todas las respuestas sobre un edificio antes de comenzar a construirlo, las respuestas no son ciertas. El edificio siempre da respuestas a medida que crece y llega a ser él mismo”, escribía Louis I. Kahn. El proyecto no está para verificar las ideas, sino para rectificarlas. La rectificación es además una acción que nunca marcha hacia atrás. Sería necesario, en nuestra aula de proyectos, fomentar esta fidelidad por la rectificación y seguir insistiendo en que el error es uno de los tiempos que el proyecto se ve obligado a atravesar para formarse. El error es el verdadero motor del conocimiento, es uno de los destinos o retos de la razón. Habría que familiarizarse con el error y errar, vagabundear, perder de improviso el rumbo y seguir hacia delante para tomar contacto, en esa evasión, con los delicados límites entre la razón y su sombra.  Y para acercarse incluso hasta el riesgo de perder la razón misma, donde la verdad a veces se esconde.

El proyecto (1)

Se construya o no se construya el proyecto nunca es un simulacro. Sus trazas, su estructura, su orden, su presencia, están marcados por un futuro y por un pasado. El proyecto se refiere a la construcción y la lleva en sí con independencia de cuándo ésta se ejecute. Es una alusión permanente, no de lo que falta, sino de lo que hay además, más dentro. Dice Borges que todas las cosas andan en busca de su propio arquetipo, incluso los hombres (Borges, Jorge Luis. Atlas). La obra entonces podría identificarse como el arquetipo del proyecto, aquello que se constituye en el modelo del proyecto y que forma con él su doble más entrañable. El proyecto sale en su busca y busca en sí.

Habría que rendirse y reconocer que proyectar es ir encontrando los caminos de resistencia por los que –a veces contra uno mismo– vale la pena ceder instantáneamente. Habría que constatar a todas horas –como una señal inmejorable– cómo el autor del proyecto no quiere ser si algo no es sobre él…

El proyecto (2)

Mucho antes de la aparición de cualquier forma o figura, supone la medida una posibilidad para abandonar lo genérico e instalar en la obra la autoridad del autor.

Desde la medida se impone a la creación una voz personal apenas sin gasto de aquello que se ha venido en llamar inspiración. Se actúa desde una cierta invisibilidad o falta de apariencia. Y viene así la verdadera medida: impuesta como una impresión o veladura que se percibe, muy especialmente, en las obras de los grandes autores donde nada mide exactamente lo que debería; donde la medida es una invención que derrota a la invención de la forma.

El proyecto (9)

Cada dibujo es una llave, tu llave, y para cada llave hay dispuesta una cámara del tesoro.

Tu dibujo expresa una relación personal, única, entre el sujeto y el pensamiento. Es un pensamiento con temperamento, con firma. Tu dibujo revela cómo el pensamiento es una acción física, depende de un cuerpo. Es algo tan inevitable que un dibujo no puede hacerse entre dos (Kahn, Louis I. Idea e imagen). No puede imitarse nunca, ni compartirse, el puro placer que siente el autor al dibujar.

En contra de todas las apariencias es el dibujo, en su arbitrariedad, quien hace al pensar ser estricto. Y cabe incluso decir que desde la seguridad que otorga la facilidad y la alegría de su manejo, llega el dibujo a favorecer incluso la excentricidad en el pensar, el errar, la cercanía con lo equívoco y lo incierto, unos movimientos y posiciones tan de signo contrario al del orden constructivo que la construcción –que se alimenta de términos opuestos y de oposiciones, de imaginarios– no tendría sin ellos posibilidad alguna de existencia. Los dibujos, cuando son verdaderamente precursores, son arquitectura.

Estos dibujos suelen dejar a las palabras pequeñas. Son plurales. En eso los detectarán: como expresan el deseo de una inteligencia de forma económica, los dibujos –los buenos dibujos– hacen callar a las palabras y las conminan a irse.

La obra (2)

En la escultura, las cuerdas, las cinchas de los caballos, las de las cuadrigas, las que unen las carrozas a sus tiros (como las del carro de la diosa Cibeles a sus leones en Madrid) son invisibles. El escultor sabe que es necesario renunciar a representarlas porque su invisibilidad es mucho más exacta. Igualmente en el arte de la arquitectura es necesario ir aprendiendo cuáles son las condiciones bajo las que ciertas presencias tienen que llegar a desaparecer para hacerse más creíbles.

Estudien a los maestros por aquello que han hecho invisible y que, por eso mismo –aunque no sólo–, les costará tanto llegar a ver.

Los sueños (7)

Porque como todo sueño es una construcción, todo soñador tiene un proyecto guardado que desea materializar. Y el fondo de su sueño está hecho por un deseo de estar en otro, en lo otro, lo que no se encuentra aquí…

Y es por lo que el arte arquitectónico entra de lleno en el ámbito de esta energía de la ensoñación que siempre se proyecta: pues su asunto es traer lo otro, entrar en el otro, acapararlo; es ése precisamente su gran tema metafísico: el de la intersección de lo uno en lo otro…

El alumno (1 y 2)

Escuela es una palabra que proviene del griego schola y significa ocio. Decir ocio escolar es una redundancia. La escuela, el ocio, es un lugar propicio al conocimiento y a la ejercitación de la mirada atenta, lenta, detenida durante mucho tiempo sobre algo que se convierte, por toda esa atención que se le concede, en un mundo. De esta visión lenta, nada impaciente, poco ambiciosa, nacen las raíces de los conocimientos futuros, de los deseos de conocer, deseos mucho más importantes para la formación que los mismos conocimientos. Porque es el deseo de conocer y no el conocimiento lo que se enseña.

El alumno (6)

Hay algo notable que caracteriza al oficio de arquitecto y a la enseñanza de la arquitectura: que no hay especialistas, como ocurre en el ejercicio de la medicina, de la ingeniería de telecomunicaciones o del derecho. El arquitecto es especialista en arquitectura.

El profesor (2)

La teoría sobre la que se sostiene el fundamento de nuestra clase de proyectos es la de enseñar a ver. Una vez más la lengua antigua vuelve a insistir en el significado profundo y a veces perdido de cada palabra: en griego, theoría es mirada, visión. El profesor no aporta un punto de vista –como se atreven a decir algunos alumnos– sino que, como quería Platon, renunciando a lo evidente, enseña a dirigir el ojo hacia lo alto. Las palabras correspondientes a educación y nutrición, que al principio eran casi idénticas en su significado, siguen siendo términos iguales. (Werner, Jaeger. Paidea. Los ideales de la cultura griega).

El profesor (3)

En nuestra escuela, las lecciones no se encuentran recogidas en ningún texto, las lecciones son creaciones relativamente espontáneas: un ejercicio de un alumno, bueno o malo, produce, para todos, una lección inesperada. Así se demuestra la continua condición legible de los dibujos y se recrea de forma sorprendentemente exacta el sentido primigenio de la lectio que era una forma de comunicación que se daba “leyendo” en común. (Lledó, Emilio. El surco del tiempo).

La capacidad persuasiva de un buen dibujo es tan incontestable que tanto los profesores como los alumnos deberían defender sus conocimientos y su capacidad, callando y dibujando.

El profesor (8)

Más importante que tener la respuesta inmediata a una pregunta es buscar la respuesta precisa a esa pregunta. Me ha parecido siempre que, en ocasiones, quienes tenían respuesta a la pregunta, quienes podían dar una verdadera respuesta, no lo sabían en ese momento; y sin embargo era suya más que de nadie esa respuesta. Es más: por ser suya, original, algo íntima e inexplicable, se demoraban en darla. Las obras completas de algunos grandes arquitectos contestan muchas veces una sola y gran pregunta. Alumnos, guárdense de profesores o de otros alumnos que por vergüenza a balbucear o por motivos que ahora desconocemos, constantemente tienen una respuesta inmediata a la pregunta.

Con toda razón se habla en el mes de septiembre de inaugurar un curso, de celebrar su apertura. En una escuela, dentro de este sentido de iniciación que define su fundamento, cada curso debería tener la oportunidad de encontrarse en un lugar desconocido que resultase ser un principio. Con esta actitud exigible a cada profesor, la institución escolar debería dar un ejemplo de lo que pide también a sus alumnos. Amar los inicios. Convertir la formación del arquitecto en un inicio constante.

Martínez Santa-María, Luis. Intersecciones. Editorial Rueda. Madrid, 2008.

Alexander Rodchenko, Calle desde arriba, 1925.

INTERSECCIONES. Luis Martínez Santa-María

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