Hilos Invisibles II ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎ ‎‎‏ ‎‎ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‪ ‎‎‏ ‎‎‏‪ ‎‎‏ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪‎‎‏‪ ‎‎‏‪ ‎‎‏‪ EL SENTIDO DE LA POESÍA. Juan Domingo Santos y Álvaro Siza

Henri Michaux, Narration, 1927.
Juan Domingo Santos. En un texto tuyo dices que “el ejemplo al pensar en arquitectura siempre vino de los escritores y, entre ellos, de los poetas”.
Álvaro Siza. Hay una cuestión que me interesa mucho de la poesía, y es el rigor absoluto en el empleo del lenguaje. Los poetas son de una radicalidad extrema al concebir con pocas palabras el significado preciso y claro de lo que quieren transmitir. El carácter de la poesía es cristalino y su estructura perfecta. Los poetas hacen y rehacen las palabras para definir sentimientos y experiencias, construyen formas cargadas de belleza y de transparencia. Creo que hay muchas afinidades entre el proceso creativo del poeta y la forma de trabajar en arquitectura, en ambas se necesita rigor, esencialidad, claridad de discurso, una mezcla de ideas rápidas, aparentemente espontáneas pero que provienen de un trabajo inmenso. El poeta busca la palabra precisa, absolutamente precisa para lo que quiere decir, ni más ni menos. Esa esencialidad tiene mucho que ver con el esfuerzo que desarrolla también un arquitecto al trabajar en un proyecto. Por otra parte, hay un aspecto que me resulta particularmente interesante, y es el modo de emplear el tiempo. Con escasas palabras se pueden llegar a decir muchas cosas intensamente. Leer poesía exige tiempo para concentrarse, hay una dimensión y una complejidad de ideas, de conexiones entre cosas que exigen un gran esfuerzo. Se trata de un acto intenso que requiere una gran concentración durante un breve periodo de tiempo. Hay que leer un poema cada día, ésta es la mejor manera de leer poesía. Algunos poemas son cortos, otros son largos, pero en general la mayoría son cortos, extremadamente cortos. El haiku japonés es capaz de transmitir en sólo cuatro versos la sensación de vivir una experiencia única y completa. Me fascina esta capacidad, por eso la poesía en general, y especialmente la poesía japonesa, forma parte de mi práctica habitual de lectura. Leo poesía también por placer, no sólo por este aspecto de rigor y de transparencia del que hablaba, y lo hago por la belleza en sí misma del poema, al que me gusta volver de nuevo, saborear su musicalidad y armonía.
JDS. ¿Qué estás leyendo ahora?
AS. Leo poesía siempre que puedo. Me gusta especialmente la poesía japonesa, aunque la leo traducida al portugués y desconozca lo que se pierde del original. Conocí los haiku a través de la traducción de un gran poeta, escritor y pensador portugués, como fue Jorge de Sena, un hombre desencantado de su país que emigró a Brasil y más tarde a Estados Unidos. Tradujo innumerables poesías que publicó en dos volúmenes con el título de Poesía de todos los siglos. En esos libros conocí la poesía árabe, japonesa, china, etcétera, y también alos clásicos. Hay todo tipo de poesía con traducciones magistrales. Más tarde comencé a comprar libros con traducciones francesas, españolas e italianas. Siendo muy joven apareció la primera edición de la poesía de Fernando Pessoa y de otros escritores de la misma época, como Mário de Sá-Carneiro o el griego Cavasy. Después he continuado leyendo a otros contemporáneos. Me gusta leer poesía portuguesa y también otras más lejanas como la oriental, o la de los indios americanos, porque son siempre poesías distintas, con mucha frescura.
JDS. Te he escuchado recitar fragmentos de poesías de Federico García Lorca.
AS. Hay una edición en papel muy fino que compré hace muchos años. Me gusta mucho la poesía de Lorca, es muy fresca, muy sutil, con una capacidad enorme para evocar relaciones muy sugerentes entre cosas distintas de manera natural.
JDS. Recuerdo que en los años noventa la editorial Electa recopiló una serie de textos tuyos sobre arquitectura y otros asuntos. Los textos tenían títulos muy sugerentes como “Construir una casa”, “Dibujos de viaje”, “Recuerdos de Navidad”, “Farmacia moderna”, etcétera. Hay uno de ellos, “Mañana entre dioses”, donde describes cómo te preparabas para el ingreso en Bellas Artes.
AS. El libro se publicó en castellano con una buena traducción. El texto del que me hablas me gusta mucho y en él contaba como aprendí cosas inesperadas, como fijar el papel sobre el tablero, borrar con migas de pan o entrecerrar los ojos para captar una figura. También relataba cómo aprendí a dibujar al carboncillo y la técnica que inventamos para que no se partieran las minas tan delicadas al presionar sobre el papel. Me gusta escribir, aunque reconozco que es un ejercicio muy difícil. Sufro mucho porque tengo que hacerlo en horas fuera de trabajo, normalmente por las noches, cuando estoy cansado. Escribir es complicado porque exige una concentración total y un gran esfuerzo que no es compatible con otras cosas. En mi caso escribo sólo cuando puedo, y carezco de oficio necesario. Hay veces que me piden que haga un texto con unos plazos determinados; en otros casos escribo por placer, que es cuando me gusta y me resulta más fácil, pero siempre son pequeños textos, nunca he llegado a hacer un texto extenso.
JDS. ¿Sobre qué asuntos te gusta escribir más y cómo escribes?
AS. Un amigo está recopilando todos mis textos, clasificándolos y dándoles un orden, desde mis primeros escritos hasta los actuales y ha descubierto alrededor de trescientos. Normalmente empiezo haciendo un pequeño esquema con algunas ideas generales para después desarrollarlo. Escribo a mano y luego los dicto para que sean mecanografiados; más tarde comienzo a hacer correcciones sucesivas, una y otra vez. Llego a hacer incluso hasta diez revisiones de un mismo texto, porque siempre hay una palabra que se puede mejorar o una coma mal puesta. Parte de estos textos son por encargo, o a veces se trata de la introducción para un libro, son textos que tienen fechas. Después están los textos que más me gustan, los relativos a la arquitectura y también sobre viajes o experiencias. Son escritos que hago por placer o necesidad y con los que más disfruto. Normalmente cuando escribes todos los días las idean acaban por venir solas, pero cuando no es un ejercicio continuado se convierte en un trabajo difícil.
JDS. Siempre me ha interesado leer tus escritos porque aunque son concisos ayudan a entender mejor tus ideas y pensamientos.
AS. Hay mucha relación entre la arquitectura y la literatura, entre hacer un proyecto y escribir, y podría decirse lo mismo de las restantes formas de expresión artística. Existen intereses similares en el cine, la música, la literatura o la escultura. Son actividades tan relacionadas entre sí que es absurda la manera actual de dividir y crear fronteras entre las artes. Un cineasta hace recorridos con la cámara, crea ritmos, de la misma forma que los arquitectos cuando hacemos un proyecto pensamos en el movimiento de un espacio incorporando continuidad o discontinuidad en sus proporciones, como sucede también con la música. Recuerdo un texto de un compositor en el que describía su modo de trabajar. En sus expresiones encontraba los mismos problemas que yo tenía al hacer arquitectura, mi modo de proyectar era tal y como él describía el componer. Recuerdo que contaba cómo empleaba notas y las correcciones buscando la secuencia correcta, replanteando ciertos aspectos, cambiando esto o aquello, era el mismo proceso que hacer un proyecto de arquitectura. Había un escritor que decía que los personajes de una novela en determinado momento adquieren vida propia y conducen el recorrido del texto, se hacen autónomos, independizándose del autor, y esto puede suceder también con la arquitectura. En un determinado momento se desencadena una serie de acontecimientos que convierten el proyecto en un proceso automático. Es ese sentido en el que decía que había que liberar el camino del proyecto, descubrir sus propios argumentos para que adquiere independencia, pero a su vez controladamente, evitando que pueda derivar en un monstruo.
JDS. ¿Te gustaría hacer cine?
AS. Una vez hice un corto en un viaje a la India donde fui con un equipo de televisión a filmar. En un determinado momento, visitando el Museo de Le Corbusier, pedí que me dejaran grabar algunas escenas del edificio. Conduje la cámara a través de un recorrido expresamente ideado, con estrangulamientos y encuadres hasta llegar a la puerta de vidrio de entrada al edificio. Procuraba dar la idea de espacio a través de una secuencia de recorridos. Me habría gustado ver la grabación, aunque creo que debió de ser un desastre.
Extracto de la entrevista de Juan Domingo Santos a Álvaro Siza. “El sentido de las cosas”.
Publicado en El Croquis, nº140. Madrid, 2008.
Anuncios


A %d blogueros les gusta esto: