CONTRIBUCIÓN A UNA TEORÍA DE LA ARQUITECTURA. Auguste Perret

Auguste Perret en 1941.
Todo aquello que afecta al espacio, tanto si es dinámico como estático, pertenece al campo de la arquitectura.
La arquitectura es el arte de concebir espacio, y encuentra su expresión en la yuxtaposición de sus partes y su construcción.
La arquitectura toma posesión del espacio, lo limita, lo abarca, coloca un cierre a su alrededor, tiene el privilegio de crear lugares mágicos que son el exclusivo producto del espíritu.
El constructor que satisface lo efímero mediante lo permanente es un arquitecto.
Él es quien, gracias a una combinación entre intuición y ciencia proyecta una sala hipóstila, la nave de una iglesia, un refugio sublime que en su simplicidad da cabida a la variedad de órganos necesarios para su función.
La arquitectura es, de todas las formas de expresión artística, la más sujeta a exigencias materiales.
Los requisitos impuestos por la Naturaleza son eternos; aquellos impuestos por el Hombre son efímeros.
Las inclemencias climáticas, las propiedades de los materiales, las leyes de la estadística, las deformaciones de la perspectiva, el simbolismo de las formas, imponen requisitos que permanecen.
La eficacia, las costumbres, los reglamentos, la moda, imponen requisitos que varían.
El arquitecto, cuando construye, satisface requerimientos tanto permanentes como efímeros.
La construcción es la lengua materna de los arquitectos.
La técnica, un homenaje continuo a la naturaleza, alimento básico de la imaginación, fuente verdadera de inspiración, invocada por todos como la más eficaz lengua materna de todos los espíritus creativos.
La técnica expresada poéticamente nos conduce a la arquitectura.
El edificio es la estructura compuesta por formas y elementos sueltos impuestos por los requisitos permanentes, que lo ponen en relación con el pasado, dotándole de durabilidad, sometiéndole a las leyes de la naturaleza.
Al principio, la arquitectura existía sólo como estructura de madera.
Como protección contra el fuego, la piedra comenzó a usarse.
Después sobre suelo francés, nació el estilo Románico, luego el estilo Gótico, y con sus arcos y contrafuertes, invadieron Europa.
Y ahora, finalmente, la estructura metálica y el hormigón armado están a punto de invadir el mundo, desde Francia, con una arquitectura original.
Los grandes edificios de la actualidad permiten construir un esqueleto, o una estructura de hormigón armado o de hierro.
La estructura es a un edificio lo que un esqueleto para los seres humanos.
Igual que el esqueleto de un ser humano contiene y soporta, con ritmo y equilibrio, diferentes órganos ordenados de maneras diferentes, la estructura de un edificio ha de tener un ritmo, ser equilibrada, y en armonía.
Ha de poder contener órganos diferentes, de acuerdo a su función y su significado.
Aquel que esconde algún elemento de la estructura, elimina el sencillo y más hermoso ornamento de la arquitectura.
Aquel que esconde un pilar comete un error.
Aquel que comete un error cuando coloca un pilar comete un crimen.
Cuando los requisitos permanentes y los efímeros se han satisfecho, el edificio, sujeto a las leyes humanas y de la naturaleza, tendrá carácter, tendrá estilo y será armonioso.
El carácter, el estilo y la armonía indican el camino que por medio de la verdad conduce a la belleza.
Gracias al esplendor de la verdad, el edificio gana en belleza.
La verdad radica en todo lo que tiene el honor y la misión de soportar o proteger.
Aquel que sin haber renegado de los materiales y axiomas modernos ha credo una obra que parece haber estado siempre, merece, en mi opinión, sentirse satisfecho.
Dado que el propósito del arte no es impactarnos ni provocarnos.
El impacto y la provocación son impresiones efímeras, ocasionales y anecdóticas.
La meta más sublime del arte es guiarnos dialécticamente de satisfacción en satisfacción, llevándonos desde la admiración al gozo sereno.
Perret en su estudio de la Rue Raynouard, París.

CONTRIBUCIÓN A UNA TEORÍA DE LA ARQUITECTURA. Auguste Perret

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