UNA VIDA CORTA Y COMPLICADA. Marcia Tucker

Bruce Nauman. Pulling Mouth, 1969.

“Todo el mundo tiene un plan hasta que le das un golpe”.

Mike Tyson

Las obras de arte son como las personas. Hay algunas con las que no te apetece estar, una vez que las conoces. Otras parecen interesantes, pero estás demasiado ocupada y no quieres crearte más compromisos. Siempre podrás prestarles atención más adelante, ¿no? De vez en cuando, te enamoras locamente y te embarcas en una aventura apasionada, hasta que aparece otra persona que te roba el corazón. A veces haces un amigo, y esa amistad crece y se hace más profunda a lo largo de toda una vida.

La obra que más me gusta siempre es la que no entiendo, la que se me queda grabada pero que, por lo demás, se me escapa. Me ronda, insistente, asegurándose de interrumpir mi cena o mi sueño cuando menos lo espero con preguntas idiotas: “¿Por qué te hago sentirte incómoda? ¿Por qué no puedes, simplemente, aceptarme como soy?”

Como me ocurre con las personas, he cometido errores de juicio, la mayoría de las veces por culpa de lo mucho que me atrae lo marginal. Siempre tengo la sensación de que los márgenes tienen más que decir que todo el cuerpo de la página.

El amor a lo marginal es peligroso, porque a menudo el territorio en que te encuentras no sólo es desconocido, sino hostil. Las visitas a los estudios resultan especialmente arriesgadas cuando la obra supone una ruptura radical con todo lo que has visto antes. Nunca he cometido el error de lanzarme a emitir exclamaciones admirativas sobre el espacio o a preguntar dónde podía conseguir una de esas encantadoras lamparitas antes de echar siquiera un vistazo a lo que había colgado en las paredes. Pero sí he entrado en l estudio de un artista y he mirado alrededor buscando su trabajo, confusa, para descubrir que la enorme mesa sobre la que había tirado mi abrigo era la obra.

Lleva tiempo cogerle el tranquillo, aprender a escuchar con atención lo que el artista dice, a poner el juicio en suspenso, a no pensar si puedes o no “usar” la obra que estás contemplando. Cuando empecé a ir a los estudios, buscaba obras que encajaran con mis propias exigencias, aun cuando no hubiera sido muy capaz de definirlas. Pero, pasado un tiempo, me di cuenta de que estaba haciendo frente a la empresa desde una perspectiva errónea. Lo que necesitaba era descubrir cuáles eran las expectativas que definían la obra, y ver después si era capaz de ampliar mi propia comprensión para adaptarla a ellas.

Prólogo de 40 años en el arte neoyorquino. Una vida corta y complicada.

Marcia Tucker. Turner Noema. Madrid, 2009.

Una vida corta y complicada. Marcia Tucker

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