EJERCICIO DE CLASE. MICROEJERCICIO 1.‎‎‏ EL CUADERNO DEL ARQUITECTO

El acto de proyectar tiene algo de proyección de la persona sobre la realidad, el aprendizaje, la investigación y la experimentación de proyectos tiene algo de exteriorización de un modo personal de leer y escribir el mundo. El cuaderno de un arquitecto se llena de notas que a veces tienen que ver con el argumento central de sus proyectos y otras son referencias cuya presencia sólo el autor sabría explicar. Es un híbrido entre el ensayo, el manual, la guía, el cuento y la colección de citas, textos, imágenes y dibujos; todos los materiales que lo va llenando construyen un diario de itinerarios, sentimientos, argumentos y arquitecturas, así comienzan a surgir correspondencias entre las cosas.

El cuaderno es pues una herramienta personal y transferible a nuestro actividad creativa, sus especulaciones tienen sentido en el trasvase entre la interpretación y la realidad. La libreta inicial de un estudiante de arquitectura es la primera ventana a un escenario de convergencias, como ocurre con su propia mesa. La sensibilidad abierta del arquitecto traza continuamente asociaciones y planifica encuentros y así, su mesa de trabajo resulta un escenario desordenado en el que habitan los trabajos en desarrollo y la colección de cuadernos que condensan lo que le va ocurriendo. En el escritorio del estudiante conviven materias con su universo propio y en expansión, en esta contigüidad vivencial comienzan a surgir relaciones.

El método que sigue el alumno que aprende a proyectar es el mismo que el de cualquiera de sus proyectos: partir de argumentos, dar forma a las ideas, viajar, leer, dibujar, no se trata de descubrir nada sino de conocer mejor. Entonces la invención cobra su sentido original del latín invenire, descubrir, hallar, averiguar. El arquitecto, inmerso en un mundo cambiante, trata de aprender de todo lo que le rodea, como quien desenvuelve un lugar, y sus ideas arquitectónicas se contaminan de aquellas que centran su trayectoria troncal y optativa, de la misma forma en que otras disciplinas artísticas, literarias, cinematográficas o emocionales van sedimentándose sobre su mesa y dejando huella en cada cuaderno, influyendo en la forma de abordar cualquier reto.

Quizá el arquitecto no escribe sino cuando proyecta y entonces relee sus apuntes, rebusca en su memoria, y como en el croquis arrebatado del maestro Utzon, vuelca (proyecta) su mundo interior en lo que sale de su lápiz. La escritura se origina en la lectura, se escribe porque otros antes que nosotros han escrito, y se lee porque otros antes que nosotros han leído, lectura y escritura constituyen un proceso continuo y creador. A lo largo de su vida Souto de Moura ha ido anotando en un cuaderno rojo de tapa dura aquellas cosas que le fueron interesando. A la vuelta de los años, revisitarlo se ha convertido para él, como ciertas arquitecturas, en una caja de sorpresas. Todo tiene que ver con todo, todo puede estar relacionado dependiendo de la voluntad del manipulador: un proyecto no tiene nada que ver con nada y puede tener que ver con cualquier cosa. Sería como leer un libro inacabado cuyas páginas finales estuvieran en blanco, en continuidad con los propios proyectos.

El ejercicio consiste en el registro en un cuaderno de las distintas experiencias asociadas a este cuatrimestre de iniciación al proyecto de arquitectura, y el ámbito general de la cultura y el conocimiento, un documento personal -de formato y técnica libre- que, como un diario de referencias e ideas, sea el reflejo de lecturas y escritos, paseos y viajes, exposiciones e introversiones, visitas y conversaciones, dibujos o proyectos. Este cuaderno de curso, de tamaño no superior al A5, se entregará a final del curso, en fecha a determinar, y será devuelto el día de la última entrega del proyecto de la casa.

MICROEJERCICIO 1. EL CUADERNO DEL ARQUITECTO

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